Vivir más

Author: Rodrigo D. Granados . /

Recuerdo a Tomás Alva Edison cuando dijo que le gustaria vivir en Júpiter, porque el día tenía muchas más horas.
Me pasa esto sobretodo, cuando pienso en todos los libros que sé que no habré de leer por falta de tiempo; durante muchos años, en un vano intento de cimentar mis lecturas de autores contemporáneos, me puse el límite máximo de 1950, para escoger lo que leía. Siempre he sido un iluso.
Cualquier frontera habrá de ser igualmente inútil, porque no alcanzaría mi vida para intentar una aproximación a obras de interés anteriores al sigo XVIII; llega entonces el momento de descartar a priori a todos aquellos que nadie nos ha "vendido" de alguna manera. Internet multiplica exponencialmente esa especie de desesperación que nos embarga cuando encontramos al azar un trabajo recopilatorio de muchos y brillantes ancestros de la escritura y el pensamiento. ¿A quién saltarse?
No voy a ponerle nombres a estos antiguos pensadores, un poco por no exponer abiertamente mi ignorancia o parecer pedante al citar a tipos, cuya obra, pudiera estar fuera de mi alcance intelectual. Soy una especie de "Culo veo culo quiero" de la literatura; y aunque leo pocas, poquísimas novelas, tampoco le hago ascos a este género. Contados son los autores que conseguido exprimir al máximo, y estoy convencido de que esa percepción, también es falsa, pues muchos escritos se habrán quedado lejos de las necesidades de los editores, que son en definitiva, a quienes leemos.
Cuando alguien dice que no lee porque no tiene tiempo, lo que está declarando es que no tiene inclinación por la lectura, y se siente incómodo ante el posible juicio de quienes sí lo hacen, alegando un impedimento inobjetable en nuestros días.
La radio es quizás, uno de los medios que más apoyan la difusión de la lectura; aunque en algunas cadenas públicas televisivas, también hay programas en ese sentido, que lamentablemente, no podrían subsistir en una televisión privada, donde las cuentas de resultados priman más que la calidad o utilidad pública de la programación.
Es justamente en un programa de radio donde oí la frase: "Quien lee, vive más"

20 comentarios:

Blogboreta dijo...

Y tanto que sí.

Por lo general se entiende la pasión por la música, la danza u otras artes, por la lectura no tanto.
Se supone que si eres un apasionado de la lectura eres un ratón de biblioteca. Y nada más lejos.

Desde los 5 años empecé a devorar libros y todavía sigo. No hay nada como los preliminares y la emoción de ir a la librería y explorar, tocar las novedades, desvirgar luego el libro en casa... bueno me estoy alargando demasiado y yendo por las ramas.

Que me ha gustado mucho. Un besote.

iliamehoy dijo...

A mi no me falta tiempo, me falta criterio. Navego por títulos y autores en busca del espolón donde amarrar mi cerebro naúfrago, pero el caos persiste. Sera quizás producto de mi etapa apático-asqueada.
O no.
Una sonrisa

Pombolita dijo...

No recuerdo ni un día de mi vida en el que no haya leído, desde el momento en que lo que leía empezo a tener cierto sentido para mi.
Tenía apenas 5 años y probablemente ponía: "Se cogen puntos de media", "Viuda e Hijos de Fernández", "Prohibido escupir y jugar a pelota",etc.

mangeles dijo...

Yo leo poco mi querido amigo. Pero a usted...¡le leo siempre ¡...y siempre me gusta ..me sorprende...y me enseña.

Un besazo

Antonio H. Martín dijo...

Pues te cuento que casi todas las riquezas que atesoro vienen de la lectura. Pero a estas alturas de la vida, uno no puede abarcar, no puede.
Y no es por falta de tiempo ni de inclinación, sino porque aún anda digiriendo antiguas lecturas. Se ve que soy algo "corto". En mi biblioteca me esperan muchos libros, que sólo he ojeado, pero no pierdo la esperanza de leerlos más a fondo algún día.
Hay tantas cosas que requieren nuestra atención...

Un saludo, Rodrigo.

la jardinera dijo...

Yo soy de leer mucho en verano y menos durante el curso.

Suelo tener ciclos de autores/as. Cuando me da por uno, me devoro unos cuantos libros suyos y lo suelo dejar a un lado por mucho tiempo.

Desde hace unos dos años me leo todo lo que tiene que leer mi hijo y así hablamos sobre los trabajos que tiene que hacer y puedo echarle una mano. Y algunos son interesantes. Últimamente estamos dándole bastante a la filosofía, y mola. Aunque hay algunos autores filosóficos que ¡ya les vale! ¡me tienen frita! Pero me gusta darle al coco e intentar descrifrar lo que quieren decir. Y digo intentar, porque a veces, sólo llego al intento. ¡Jodidos filósofos!

Suelo comprar libros que no sé ni cuando empezaré, pero me motiva mucho echar un vistazo en las librerías, y siempre acabo "picando".

Es una buena razón que tengo para alargar mi vida. Tengo mucho todavía por leer.

Y muchas ganas de conocerte, catacartón! ¿Vendrás a la próxima de impresentables?

:)

Novicia Dalila dijo...

Leo siempre insuficiente, y aunque tú dices que lo de la falta de tiempo es una excusa, siento decirte que en mi caso no es tal, sino un hecho real y difícil de salvar. No sé los demás, no sé tú mismo, pero mi día a día es ajetreadísimo y apenas tengo un rato para sentarme y leer... Antes, cuando iba a currar en el tubo, siempre llevaba el libro con el que estuviera en ese momento y lo devoraba en cuanto podía (no necesariamente sentada), pero ya hace años que tengo que conducir para venir a trabajar, y eso ya me quitó la oportunidad que me daba el transporte público... Pero bueno, igual está sonando a excusa.
Leo menos de lo que quisiera y mucho menos de lo que necesito. Ahora araño los 45 minutos del gim para leer mientras pedaleo.... Y por la noche estoy tan matá que es raro el día que puedo sentarme y leer un ratito....
Es un hábito necesario... una necesidad real cuando desde pequeño te has acostumbrado a enriquecer tu vida con lectura. Yo lo echo de menos un montón, pero de momento, mientras las cosas se mantengan como ahora, intentaré seguir arañando ratitos al día y a la noche....

Un beso

tequila dijo...

Quizá sea el carácter solitario de la lectura el que lo hace tan poco popular en ciertos ámbitos.
En esto del leer nuca he tenido grandes pretensiones (simple que es una). Reconozco que algunas de las grandes obras universales me han aburrido hasta el hartazgo (lenguaje, temas desfasados y la obligación académica han contribuido a ello).
Soy una indisciplinada de la lectura. Me muevo por impulsos o "presentimientos" y son raras las ocasiones en que algún escritor me cautiva hasta convertirme en incondicional. Considero una genialidad la capacidad de escribir algo que merezca la pena ser leído; que transporte, que aporte... por lo que conseguir tal resultado con asiduidad es "un milagro" accesible sólo a tres o cuatro elegidos. Otra cosa es; como bien apunta, que ciertos/muchos/ casi todos??? editores pretendan vendernos a aquellos que consiguieron una vez (con todo mi respeto por haber conseguido tal hazaña, si es que lo hicieron), como a semidioses literarios, cuando ;en verdad,sus obras no deberían pasar del revistero de ciertos urinarios.

Curiosa la reacción que su entrada me provoca. Debería; quizá, quedar pensando en todos los escritos que me quedan por leer: buenas reflexiones, invenciones, análisis; y sin embargo prevalece una ñoña melancolía por aquellos no elegidos que jamás vieron la luz.

Pablo Ameba dijo...

Por un lado el número de lecturas que merecen la pena es ilimitado y, por otro, el tiempo que podemos invertir en leer es muy limitado. ¿Cómo afronto esta disyuntiva, este problema restrictivo? Para obtener tiempo lo que yo he hecho: no tener hijos, no tener pareja, no tener televisión, trabajar lo mínimo posible, consumir lo mínimo posible. El resultado es tiempo.
Aún así, ese tiempo es insuficiente para leer todo lo que uno desearía. Hay que elegir las lecturas y esto es una cuestión muy difícil. Junto a mí, una pila de unas cuarenta obras de narrativa esperan a que les hinque el diente. Hace dos fines de semana quise comprar en un rastro un ejemplar de “La riqueza de las naciones” y acabé llevándome una colección completa de grandes obras del pensamiento económico, casi treinta volúmenes por 20 Euros.
En la unidad de disco duro que mis sistema reconoce por F:\Alejandría me esperan las obras completas de Jung, Mircea Elíade, Frazer...y una larga y disparatada lista que me llevará años. Y esta lista es un ser vivo que crece y se reproduce.
¿Qué lecturas elegir? De momento le pido a un libro que haya sido escrito antes de nacer yo. A partir de ahí unos libros llaman a otros, a veces insistentemente. Por otro lado hay que dejar la puerta abierta a que las coincidencias ocurran y se te cuele un título sin permiso, fuera de programa. Y aún así...¡Quién tuviera los días!
También creo que conviene mirarse uno mismo: ¿Por qué leo?, ¿Para qué? ¿Qué es lo que busco?...y preguntarle al respecto a Marco Aurelio, que nos dirá:

“Aparta tu sed de libros, para no morir gruñendo, sino verdaderamente resignado y agradecido de corazón a los dioses.
Recuerda cuánto tiempo hace que difieres eso y cuántas veces has recibido avisos previos de los dioses sin aprovecharlos. Preciso es que a partir de este momento te des cuenta de qué mundo eres parte y de qué gobernante del mundo procedes como emanación, y comprenderás que tu vida está circunscrita a un período de tiempo limitado. Caso de que no aproveches esta oportunidad para serenarte, pasará, y tú también pasarás, y ya no habrá otra.”

Lo gracioso es que lo dice en un libro.
Saludos.
Pd: respecto a lo de los editores ¿Cuántas obras geniales, fundamentales para la humanidad, no han podido ver la luz y nuca conoceremos? La respuesta es internet.

Pablo Ameba dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ybris dijo...

¿Conque provocando con libros, amigo Rodrigo?
Edison fue el ídolo de mi primera decena de años hasta el punto de que me aprendí todo lo que pude de su vida para presentarme a un concurso de radio. Pero no conocía esa cita suya que mencionas.
Sé de la pasión por leer a tiempo y a destiempo compulsivamente.
Y también de la sensación actual de impotencia ante la imposibilidad de volver a repasar ni siquiera la mínima parte de los libros que pueblan mis estanterías.
Por eso ahora cuando son más las dificultades de ambiente propicio que de tiempo para leer, prefiero la hondura a la extensión y me detengo en fragmentos o en silencios insinuados tras las lecturas que sigo realizando con tenaz lentitud pero sin pausa.
La memoria de mi ordenador, de mi PDA y de mi E-book guarda más libros de los que podré leer jamás. Aun así me sirven de magro consuelo y compañía.
Desde luego que me considero afortunado de haber vivido mucho más por haber leído, como bien dices.

Un placer hablar de libros contigo.

Un abrazo.

Miss.Burton dijo...

Bien, pues si quien leé, vivirá mas, ya hemos sumado unos años y se los hemos robado al tabaco... mas ó menos...
El tiempo, no se estira, yo también querría vivir en Júpiter, y llevarme allí los baúles con todo lo que tengo pendiente, mas lo que ya leí en su día, pero que ahora el presente me trajo algún resquicio de ello, y tengo que volver a recordar el qué fué exactamente.
Me hace gracia lo de que no leén, porque no tienen tiempo, son los mismos sujetos que luego pasan dos horas lavando el coche, yo, por ponerte un ejemplo de uno que yo conocía que sólo miraba revistas de motos... en fin, una paga los errores baratos, porque cuando menos leía ese majo, mas me ponía yo a ello, pensando, por dios, tía, tienes que ser todavía mas y mas y mas, a ver si todavía te va a perder esta mala bestia.
Esto, afortunadamente, pertenece al pasado, y a día de hoy no tengo ninguna mala burra cerca que no me deje leer, ó que no tenga un respecto de la leche por los libros, esos sitios, de donde partimos, pero nunca sabemos donde nos llevarán, porque son un auténtico viaje.
Lea, que luego le pido el comentario de texto, ud, lea¡¡¡¡
BSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS

India Ning dijo...

Con la última frase estoy de acuerdo a medias, ya que es difícilmente demostrable que quien más lee, más vive, pero sí que se podría interpretar como que quien más lee más vivencias tiene, es decir que efectivamente vive más en cantidad de experiencias (no en tiempo)
Lo de la lectura depende mucho del estado de ánimo; no recomendaría leer a Pessoa a un deprimido, ni a Kafka a alguien que está pasando por una crisis de identidad; no se saborea igual una novela según lo que haya sucedido en el día o en el lustro, por eso soy de los que tienen varios libros a medio leer sobre la mesa (nunca leo en la cama)y según las ganas, las emociones, el ánimo y el humor, escojo seguir con uno o con otro, con la comedia teatrera, la biografía, las risas o el ensayo.
El caso, siempre, es tener la mente ocupada en esas vivencias que en la imaginación, se puden dar como propias.

Un saludo, Don Rodrigo de mis entrañas.

Sila dijo...

Quien lee, fantasea más, pero desde luego que no vive más,al contrario…
Dependiendo que tipo de lectura, nos cultivamos y depende que lectura estamos simplemente rellenamos momentos, minutos, horas de nuestra vida y posiblemente quitándole tiempo a la maravillosa labor de vivir.
No por leer mas se es más interesante o educado y no por leer menos se es un zoquete mal educado.

Don Rodrigo, algún día le contare un secreto, pero no por escrito, para que no pierda el tiempo en… leerlo.

Un beso, sila

VolVoreta dijo...

"Quien lee, vive más" pero...¿vive mejor?, ¿sabe más?, ¿entiende más?, ¿comprende más? ¿más que quién? En la lectura, también, todo es relativo.
Entiendo yo que, leer, te aproxima a puntos de vista que te pillan más lejos (por distancia, por filosofía...) porque ya se sabe que cada persona es un mundo (un libro por explorar) y, quizá, por ahí habría que empezar a leer; por el amigo, por la vecina, por el camarero que te sirve el café...De poco, o nada, sirve empaparse de letras si, llegado el momento, no entiendes al que se sienta a tu lado, si no distingues que la cara que del prójimo, un mal día, es de tristeza o de enfado.

Pasar de ser un erudito a convertirse en un pedante o un gilipollas es la mar de fácil; solo es cuestión de creerse un dios de las letras, y de las vivencias, olvidándose que es tan mortal como el "portero" que no llegó al final de la egb por falta de medios...Me viene voluntariamente a la memoria el caso de Pérez Reverte que se salió de madre hace bien poco, cuando puso a caer de un burro al Sr. Ministro por su sensibilidad cuando se despidió de su poltrona. Arturo se olvidó de la humildad que se le supone a los grandes; aunque lo hubiese pensado (como la mayoría), se lo tenía que haber callado, porque con esa actitud de cantamañanas me provocó tal rechazo que dejé "La piel del tambor" sobre la mesilla de noche y, desde entonces, cuando me meto entre las sábanas pienso que la única razón por la que acabaré el libro será deshacerme de la duda; ¿el cura caerá en la tentación de la piel de Macarena?

En fin, que yo me puse como límite 1956, pero soy tan sensible como anárquica y siempre leo lo que me apetece más o lo que considero que me puede aportar algo nuevo, porque soy consciente de que, aunque viviese cien vidas, no me daría tiempo a leer todos los que son y siempre habría que lo son y los seguiría desconociendo.

Te dejo un beso, Rodrigo.

Maria Varu dijo...

leo poco, a veces quizás nada, cierto es lo de falta de tiempo y cierto también que cuando se quiere el tiempo aparece, ya no me apasiona devorar libros por la cantidad, prefiero entrar, pararme y aletear el trasfondo que me sugiere lo leído, no importa su extensión, ni tampoco su tema simplemente importa la atracción que me causa… viviré menos años? quizá, porque muchos de los momentos de esos espacios me aleja de la realidad y me adentra en la irrealidad de ese decir…

un abrazo

Reyes dijo...

Yo sin libros no sería nada .
Y últimamente sin internet tampoco .
Besos,señor Granados.

Antígona dijo...

Personalmente, lo que más me jode es la sensación de que lo que más me nutrió literaria y vitalmente fue lo que leí en la juventud. Porque ahora no puedo dedicarme a leer con tanto tiempo por delante, con tanta entrega, sin tantas historias en la cabeza que interfieren la lectura, sin tanto cansancio por las noches, sin tanta conciencia de e impotencia por lo muchísimo que merecería ser leído y no podré leer.

Pero aún confío en vivir, cuando llegue la jubilación, una segunda juventud literaria que desmienta esa desagradable sensación. Todo es cuestión de tener paciencia y esperar.

Y estoy de acuerdo en que quien lee, vive más, y siempre he aborrecido esa contraposición maniquea entre el leer y el vivir. Más se vive viviendo vicariamente las vidas de otros, sus emociones, sus reflexiones, que estúpida y pobremente entregado a la propia vida, a las propias emociones, a las pobres emociones. Además de que estoy segura de que es a través de aquéllas como éstas se engrandecen y enriquecen.

Besos!

cristal00k dijo...

Recuerdo la primera vez que conseguí leer mi primer cuento con, apenas cinco años, que me sentí una triunfadora y también en otro mundo más amable... y eso... me enganchó, hasta hoy.

Los que tenemos a la lectura, por una de nuestras aficiones principales, en muchos momentos nos sentimos tal como explica en su post. Siempre nos parece que leemos y hemos leído poco. Y lo del, culo veo, culo quiero... lo conozco bien, tan es así, que muchas veces se me acumulan los libros pendientes en demasía... porque soy incapaz de renunciar a mi deporte predilecto que es ir de "librerías de lance" normalmente lejos de los últimos best-sellers y eso... pero vamos, que no le hago ascos a nada, en lectura soy promiscua en grado sumo.
Pero si quiere que le diga la verdad, espero que mi afición, no me alargue en exceso la vida, más que vivir más, lo que quiero es vivir mejor.

Saludos, Don Rodrigo.

Luisa Arellano dijo...

Siento diferir en lo de que siempre hay tiempo libre para leer. Pecamos de medir a los demás con nuestro rasero y, claro, así no salen nunca las cosas. Si alguien dice que no tiene tiempo, no hay que buscarle tres pies al gato deduciendo que lo que ocurre es que no le gusta leer. Cada vida es un mundo y cada situación es algo tan personal que no podemos estar elucubrando sin más.

Dicho esto, D. Rodrigo, le diré que en el resto coincido prácticamente en sus apreciaciones. Yo no tengo tope de lecturas, ni favoritismos. Las elijo un poco al azar y casi nunca me dejo llevar por las modas y modos. Leo lo que me apetece. No creo que el que alguien haya escrito un buen libro en un momento determinado le de carta blanca para que todo lo suyo sea maravilloso y digno del Parnaso. Las personas somos así, acertamos a veces, pero otras nos quedamos cortos. Por lo tanto nadie me gusta totalmente. He encontrado poemas de encumbrados que ponen los pelos de punta y eso se supone que sólo lo hacemos los aprendices. Por lo tanto estoy convencida de que todos los que le damos a las letras metemos una de cal y otra de arena.

Luego están los que se lo creen, los amigos de mis amigos y los que se arriman a buen árbol… pero a esos mejor dejarlos para otro día.

Besines